Apoteótica victoria de Lula
A los 81 años, con una fortaleza anímica, un liderazgo y una capacidad estratégica únicos en América Latina, Luiz Inácio Lula da Silva derrotó a Flavio Bolsonaro, dando vuelta un resultado que parecía cantado.
Los resultados adversos de la primera vuelta no lo amedrentaron. Se hizo cargo de la necesidad de hablarle a la juventud en su lenguaje y con sus herramientas, movilizó al pueblo que conquistó las calles y jugó al límite en sus procederes políticos. Peleó por el poder como debe hacerlo un líder de verdad.
Su discurso y su accionar se construyeron en tres fundamentos: el nacionalismo, el bienestar popular y la sujeción a las reglas del capitalismo.
Lula eligió como principal oponente a Donald Trump, como jefe del imperialismo estadounidense que venía a entrometerse en la política brasileña. Al estilo del clivaje Braden o Perón, de 1946, ninguneó a los Bolsonaro, tratándolos como meros empleados. Habló de soberanía, nacionalismo, liderazgo regional. Apeló al sentimiento patriótico que hoy resurge en el mundo.
Se expuso como exclusivo garante de las conquistas sociales obtenidas en este siglo para millones de brasileños. Mostró que ellas estaban en riesgo frente al avance del modelo tecnoliberal, que quita derechos, destruye empleos y achica salarios. Puso a los trabajadores y sus familias en el centro de las prioridades gubernamentales. Frente al auge de la cultura individualista, se erigió como el referente mundial del humanismo cristiano, tomando la posta que dejó Francisco.
Pero también eligió a un vicepresidente que le aporta gobernabilidad. Geraldo Alckmin, un seudosocialista cercano a posiciones liberales, ejerció el Ministerio de Industria y Comercio sin generar conflictos con el capital. Lula nunca representó una amenaza para el sistema. Al fin y al cabo, es un producto de la industria paulista.
El gran mérito de Lula fue unir las agendas del nacionalismo, el progresismo y el empresariado nacional, aceptando el reto de la polarización con posturas claras. Su victoria lo vuelve a proyectar como líder mundial, referente principal del Sur Global. Demuestra que hay otro camino al que intenta imponer el imperio tecnofeudal, con un Estado fuerte, planificador, soberano y que asiste a los vulnerables.
También fue para destacar su capacidad de reacción. Tras la derrota en primera vuelta, pegó un volantazo, ajustando su discurso y su accionar. Fue fundamental el aporte del diputado mineiro André Janones, quien le diseño una estrategia comunicacional moderna, con mensajes directos, cortos y dirigidos a la emoción de los votantes. Para ello, armó una red de Whats App de 10 millones de personas, que tuvieron así contacto directo con Lula, sin la intermediación distorsiva del periodismo a sueldo del poder.
Tiene cosas para revisar, como el estancamiento económico –quizás por la presencia de China en la economía brasileña- o el rol de Francia en el Amazonas, o la inseguridad. Su revalorización como líder le permitirá hacerlo como jefe de un estado fuerte y soberano.
Todo lo que hizo Lula constituye un modelo para la acción política, en especial para movimientos como el justicialismo, que aún no logró definir sus rasgos principales de acción. Lula les mostró que no es imposible, pero no hay que distraerse con tonterías.
