4 de noviembre de 2026
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El Waterloo de Trump

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MARIANO ROVATTI4 de noviembre de 2026
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El Waterloo de Trump


El holgado triunfo demócrata de ayer cambia el escenario político estadounidense de forma sustancial, pudiendo tener efectos en la política argentina

 

Desde la mirada latinoamericana, la política exterior de EE.UU. hacia la región suele ser esencialmente la misma, sean republicanos o demócratas sus gobiernos. La lógica es la del alineamiento automático, como consecuencia de la Doctrina Monroe. Menos aún se esperaban cambios tras una elección de medio término.

 

Pero esta elección tuvo su particularidad, dado el camino por el que se llega a la misma. Donald Trump desarrolló una política particularmente agresiva contra China en términos geopolíticos y comerciales, y profundizó los lazos con el Estado de Israel, como nunca se había visto. Frente a estas situaciones, Trump no aceptó ambigüedades de ningún gobierno: se es amigo o enemigo.     

 Trump fue armando un collar de gobiernos aliados en América Latina, caracterizados por el seguidismo incondicional de sus políticas. Argentina, Chile, Perú, Colombia, Paraguay, Ecuador y gran parte de América Central se encolumnaron detrás del líder norteamericano. Y Argentina –además- fue beneficiada especialmente como objeto de protección financiera contra posibles cesaciones de pago de su deuda externa, como ocurrió en 2025, permitiéndole a Javier Milei salvar la ropa en las elecciones intermedias.

 

En la batalla cultural, Trump tomó las banderas de la lucha anti inmigratoria, la explotación laboral, la criminalización de la pobreza, la negación de derechos humanos y el rechazo a la perspectiva de género. Frente al pedido de regulación de la inteligencia artificial, se expresó a favor de la libertad total.

 

Estos postulados son básicamente los mismos que defienden otros líderes mundiales, que ganaron elecciones sin esconder lo que pensaban, fruto del hartazgo social de la falta de resultados de las políticas progresistas y bien pensantes. Parecía que el auge de la derecha en su versión más radical, llegaba para quedarse. Pero algo empezó a cambiar.

 

Comenzaron a generarse sucesivas derrotas para este espacio: a) la Coalición Multicolor en Uruguay, cayó frente al Frente Amplio de Yamandú Orsi en 2024;  b) Si bien en  Austria había triunfado el Partido de la Libertad, una coalición opositora impidió que el líder de aquélla Herbert Kickl lograra formar gobierno y asumir como Canciller, en 2024; c) en Polonia, en las elecciones de 2023, Mateusz Morawiewcki y el Partido Ley y Justicia (PIS) perdió la mayoría, y se formó un gobierno de centroizquierda encabezado por Donald Tusk; d) en el Reino Unido, en las elecciones de 2024, el Partido Conservador sufrió su peor derrota históric, volviendo el Laborismo al poder; e) tras 16 años en el poder, en 2026 cayó Víktor Orban en Hungría, frente al partido Tsiza, de Peter Magyar; f) recientemente, Lula Da Silva venció en el ballotage brasileño a Flavio Bolsonaro, logrando su cuarto mandato presidencial.

 

Con las particularidades locales de cada caso, los gobiernos de derecha –nacionalista, conservadora o liberal- perdieron apoyo popular por deteriorarse la calidad de vida de los pueblos. Al priorizar los aspectos financieros, mermaron los ingresos de las clases trabajadoras, y en algunos casos –como EE.UU.- tampoco lograron controlar la inflación.     

 

También generan saturación los discursos –y acciones- de odio y discriminación, y la posibilidad latente de nuevas escaladas bélicas. También las franjas más jóvenes –que alimentaron las opciones más radicalizadas de la derecha- han comenzado a desencantarse por no ver cumplidas sus expectativas.

 

Esto le genera una oportunidad a los progresismos, siempre y cuando logren aprender las lecciones que le tocan a cada uno.

 

Estas elecciones estadounidenses además mostraron una inusual supremacía demócrata en bastiones conservadores como Texas, Kansas o Carolina del Sur. Propuestas que aceptan la diversidad o se ocupan más de la situación económica conde las familias, se han impuesto de manera notable, modificando el mapa político: musulmanes, negros, mujeres e hispanos han grabado su nombre en el portal de los vencedores.

 

También estuvo instalado en la campaña el rol de los súper ricos, recibiendo una fuerte derrota su visión de que la democracia constituye un obstáculo para el desarrollo económico y tecnológico. Ayer encontraron un inesperado límite a su arrogante pretensión de sustituir el sistema democrático por otro inspirado en la conducción de sus empresas.

 

A Trump le quedan sus dos últimos años como referente político de peso. No tiene ya reelección, inmediata o alternada. Gobernar con las dos cámaras legislativas en contra será difícil, para alguien que có siempre reunir en sus manos la mayor concentración de poder que fuese posible. Además, el Partido Republicano deberá renovar su liderazgo y encontrar un candidato competitivo. Los demócratas tienen un variado lote de posibles postulantes.   

 

Por último, para el gobierno argentino fue una pésima noticia. Un debilitado Trump no le servirá de mucho a Javier Milei para su reelección. Pero peor que ello es que Milei ya no le presta utilidad alguna a un Trump sin futuro.p sin futuro.   

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